Cayendo.
Y mis ojos se cerraron mientras ella caía vacía, al profundo silencio.
Silencio de años que sólo su voz conocía, imperceptible silencio, conocido, amargo. Silencio amigo.
Silencio de noches, noches profundas, misteriosas... silencio impenetrable, protector, que la oculta.
Silencio que resguarda su más pura voz de oidos curiosos que quieran escucharla,
Y mientras caía, ella gritaba... desesperada gritaba pero su voz no salía, nadie la escuchaba, nadie la veía.
La luna piadosa la tomó entre sus brazos y la hizo su hija, le explicó que todos verían corazas y caparazones,
le advirtió sobre los humanos... Hay pocas almas sensibles en el mundo que puedan observar más allá del manto que cubre todas las cosas... pero ella no sabía que cada vez que intentara caería. No sabía ella, que nadie podía ver su ser etéreo, sublime, intangible ser, nadie, excepto un par de ojos que algún día encontraría.
Y mientras esperaba la niña esos ojos, los encontró en más de una cara que por momentos expresaban sinceridad... y así mismo se fueron, Como la brisa.
Y mientras más se oscurecía todo yo me asustaba, ya no podía abrir los ojos, era inútil, todo era lo mismo... me esconderán aún más, ¿es eso posible?
¿Es posible que de repente deje de acariciarme con su suave vaivén así como venía y se vaya sin volver a mi suave silencio?
¿Cómo es posible que haya tanta luz en este lugar y no haya espacio para entrar?
¿Por qué sentiré el pasar del tiempo como un castigo?
No tener ganas de seguir, y tener que hacerlo.
Y que para colmo no me dejen salir de aquí, no sé dónde estoy, estoy en ella... la que cae hueca, pues es el vacío lo que le da la utilidad a todas las cosas y es el silencio mental entonces el que la hace tener paz, por momentos paz.
Aunque es época de guerra.
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